








INFORME DE LECTURA
Obra: Los domingos de Jean Dézert.
Autor: Jean de La Ville de Mirmont.
Lector: Iván Moldes Vallejo.
1. SINOPSIS
El antihéroe de esta historia, es Jean Dézert, un gris funcionario público de escasa imagi- nación y menor iniciativa, que consi- dera la vida “como una sala de espera para viajeros de tercera clase”. Siente una extraña afición por los domingos. En ellos da rienda suelta a sus aficiones, como sentarse en el ómnibus y seguir el trayecto de principio a fin, al tiempo que medita sobre anuncios y nombres de empresarios. Su principal pasatiempo consiste en coleccionar folletos publicitarios. Un sábado por la noche, al consultar la carpeta en la que guarda los ejemplares “más interesantes”, decide que, para emplear la jornada del domingo de una manera ingeniosa e instructiva, bastaría con seguir algunos de sus consejos. Se entrega así a una jornada particularmente activa, durante la cual toma un baño caliente con masaje, se corta el pelo en un lavatorio racional, almuerza en un restaurante vegetariano, visita a una vidente, ve una película en el cine y asiste a una conferencia sobre salud sexual. Finalmente, declina la propuesta de una prostituta al no estar previsto en su horario.
Otro domingo, en el zoo, conoce a Elvire Barrochet, una joven caprichosa e inestable con la que comienza un noviazgo que durará todo su mes de vacaciones. Al final de este período, ambos se prometen; uno por inercia, la otra por diversión. Un día, mientras charlan sobre los preparativos de la boda, Elvire estalla en sollozos y se aparta de Jean. Por primera vez desde que comenzara su relación le había mirado cara a cara, descubriendo con horror que su prometido tiene una cara inusitadamente larga, y ella “jamás podrá amarle en semejantes condiciones”. El conformista Dézert, medita sobre los medios “clásicos” de conseguir el olvido, a saber: lanzarse a los placeres, emborracharse y suicidarse. Conviene en que este último recurso es el más seguro y menos costoso, pero antes de recurrir a él decide agotar los dos anteriores. Evidentemente, J.D. resuelve suicidarse “un domingo, a fin de no faltar a la oficina”. Sin embargo, fiel a su anodina existencia, es incapaz de ponerle un fin tan extraordinario a su vida y no se arroja al río. “El domingo siguiente, León Duborjal le decía a Jean Dézert...”
2. VALORACIÓN LITERARIA (7)
Estructura
Narrada en tercera persona por un particular narrador omniscente que no siempre se muestra del todo objetivo, la novela presenta una estructura externa de cuatro capítulos. El primero y último apenas ocupan media docena de páginas, por lo que el grueso de la novela se desarrolla en los dos capítulos centrales. El primer capítulo hace la función de presentación del personaje, y el último, es claramente un epílogo en el que se detalla el desenlace del protagonista. Por otra parte parte, el segundo capítulo, titulado “Las Jornadas” narra la vida cotidiana y los domingos a los que hace alusión el título, y el tercero describe “La Aventura”, que no es otra cosa que el noviazgo con Elvire. Esta sencilla estructura, se puede simplificar aún más considerando la naturaleza del primer y último capítulo y establecer una división estructural interna en dos partes: paseo dominical y romance. En lógica adecuación al nivel estructural de la novela, la historia se desarrolla en una secuencia temporal lineal, teniendo como escenario la ciudad de París.
La trama principal está resumida a la perfección en el título de la obra. El autor pretende descubrirnos el espíritu del tiempo en el que vive, a través de la vida cotidiana de su protagonista, transmitiéndonos como temas la absoluta soledad y la certeza de la muerte.
Podemos establecer una trama secundaria romántica, narrada en la segunda parte de la novela, que es el frustrado noviazgo del protagonista con Elvire. Esta subtrama, que actúa como nudo argumental, está integrada a todos los niveles en la trama principal, hasta el punto que podríamos despojarla de su calidad de tal, si tenemos en cuenta que el mes de romance, llevado a cabo durante las vacaciones del protagonista no es sino un largo domingo.
Está escrita con un estilo llano, pero el autor logra convertir ese prosaísmo en virtud. La sencillez del vocabulario, el ritmo y la sintaxis, evoca al lenguaje hablado y dotan al personaje principal de cercanía y credibilidad. Jean de La Ville de Mirmont se muestra así, impermeable a la tradición literaria francesa, que dictaba normas no escritas de elegancia, independientemente del asunto a tratar. Este hecho, unido al tratamiento de la publicidad como tema, le convierte en un escritor posmoderno, que entronca con toda una generación de jóvenes escritores europeos de principios de siglo como Knut Hamsun, Robert Wasler o Larbaud, en cuyas obras podemos encontrar personajes que encarnan a la perfección el papel de héroe absurdo.
El narrador de “Los domingos...” es consciente de que está narrando. Esta alienación está presente desde el título del primer capítulo: “Definición de Jean Dézert” y se encuentran varios ejemplos de ello diseminados sabiamente a lo largo del relato. Normalmente, estos ejemplos están cargados de una sutil ironía, que nos hace tomar parte por el protagonista. Esta inteligente asunción de funciones por parte de un narrador, en principio heterodiegético, nos lleva a pensar que lo que tenemos entre manos es más una
autobiografía que un libro de ficción.
Tensión Narrativa
La tensión narrativa de la historia se nos presenta claramente en la segunda parte de la novela. Hay una gran discrepancia con lo narrado anteriormente y la historia se complica. La tensión contenida en la descripción de la vida cotidiana del protagonista durante toda la primera parte estalla al tiempo que nos preguntamos si finalmente se casará con Elvire o cómo afectará a su aburrida existencia el matrimonio. La tensión narrativa hace presencia antes de que el interés por el personaje principal decaiga y eleva, de forma inmediata, nuestro interés en él.
3. VALORACIÓN COMERCIAL (5)
Algunas de sus obras han sido reeditadas periódicamente en pequeñas tiradas; se le menciona constantemente en trabajos académicos, sobre todo, haciendo referencia a su amistad con François Mauriac, premio Nobel de Literatura en 1952; incluso, los amantes de la música pueden reconocerlo por la obra de Gabriel Fauré, quien compuso “L’Horizon Chimerique (opus 118, 1921), un ciclo de cuatro movimientos basados en sus poemas, cuya vigencia se demuestra con la multitud de artistas que han visitado la pieza (el barítono Sandford Sylvan en 2005, o Julien Clerc, que la ha convertido en una pieza importante de su repertorio). Sin embargo, ¿puede tener su novela lectores? Su obra presagia un gran escritor, pero ¿podemos justificar su reputación en base al autor en el que pudiera haberse convertido? La respuesta es sí. Su innegable originalidad, su habilidad estilística y su fuerza emocional se ponen al servicio de “Los domingos...”, una pieza deliciosa en la que explora sin artificios la banalidad de la vida cotidiana. Nuestro escenario ha cambiado, pero seguimos esperando. Esperamos encontrar un sentido a nuestras aburridas vidas, esperamos a que el reloj marque la hora de salida de nuestros trabajos, esperamos al igual que Jean, una ficción a la medida de nuestras necesidades.
Por tanto, creo que la novela de Mirmont es más contemporánea que muchas de las que se escriben y publican en nuestros días, y merece la pena que salga a la búsqueda de lectores.
4. VALORACIÓN PERSONAL
Nada en la novela de Mirmont aparece por casualidad. Ahí radica gran parte de su fuerza. El apellido del protagonista es una traslación homófona de “désert” (desierto en francés), las citas anticipan el tema de cada capítulo, las referencias literarias ayudan magistralmente a construir el personaje, el patetismo con el que se toma su ruptura es una burla a los exaltados románticos, y los personajes secundarios como León Duborjal son mucho más que personajes secundarios.
Pertenece a una reducida categoría de escritores que con una sencilla descripción la vida cotidiana nos hace descubrir no sólo el espíritu de los tiempos que narra sino pensamientos y emociones universales que han recorrido desde los tiempos de Homero la historia de literatura. Al fin y al cabo, la alta literatura, está hecha de las entrañas del género humano, y eso, no es algo que esté al alcance de muchos escritores.
Tenía curiosidad por conocer cómo los grandes grupos editoriales del país se habían subido al carro de los e-books. No es sólo que su solución llegue tarde (Amazon comenzó hace nueve años a vender versiones electrónicas para PDAs), sino que es un parche a la situación actual y, mientras esperan un cambio de paradigma, han lanzado su alianza Libranda, sin creerse ellos mismos que pueda suponerles una oportunidad de negocio. Así y todo, decidí comprar "El ladrón de almas" de Charles Baxter (RBA/La Magrana) y comencé el proceso:
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